Por: Girl in search. / 

Que difícil cuando la vida nos pide a gritos un cambio de paradigma y nuestro cuerpo asociado a nuestro EGO y a nuestras limitaciones creadas inconscientemente, nos hacen retroceder. Muchas veces en la vida, sentimos que tenemos la necesidad de un cambio. ¿No les pasó? Están en el trabajo, donde ya ven que hay cosas que no los nutren, ambientes laborales complicados que vibran totalmente diferente a nosotros, hasta muchas veces pasa en los círculos íntimos donde una pareja ya no nos completa o que las amistades se sienten superfluas.

Sencillamente se hace difícil en estos momentos poder pensar, una nube se mete en nuestras limitadas cabezas, y totalmente cegadas, simplemente dejan de funcionar. Y así empezamos a ir por la vida como entes, automáticamente nos levantamos a las 8 am., desayunamos casi sin percatarnos del sabor del café y sin disfrutar ni un solo bocado de la tostada (cuando no es que salimos directamente sin desayunar). El día no nos alcanza para nada, hasta ir al gimnasio se hace una ardua tarea!!! Cuando debería ser “nuestro momento” de relajarnos.

Pero me pregunto a veces como empezar a cambiar este estado. Yo particularmente intento escribir, porque eso drena mi energía y me saca ideas positivas que van cayendo como figuras de tetris… Algunas encajan, otras no, pero es mi proceso creativo para intentar cambiar de paradigma y poder encontrar una salida.
Parar y reflexionar sobre lo que estamos viviendo, es sumamente necesario para que vayamos con más consciencia de lo que queremos por la vida, para poder ir en busca de la felicidad. Pero no una felicidad efímera: plata a fin de mes, la casa, el auto nuevo, sino aquellas cosas que nos hacen sentir Entusiasmo, que en el antiguo lenguaje griego quiere decir “En” “Theós”, “tener un Dios dentro de sí”. La persona entusiasmada, por lo tanto, era aquella guiada por la fuerza y la sabiduría de un dios, capaz de hacer que ocurrieran cosas.
Sin ligar esta afirmación con ninguna orientación religiosa, solo con el fin de conectarnos con nuestra fortaleza interior. Sensibilizarnos y ser más conscientes de aquello que nos da una cosquilla de alegría, o nos hace ese ruidito en el estómago que nos indica que algo no está del todo bien.
La idea sería de ahora en más dejar que ese entusiasmo nos guie, nos haga más conscientes, y sobre todo nosotros nos demos la oportunidad de escucharnos. Porque sin sentir lo que nos pasa, nos podemos cambiar de paradigma.