Por: Girl in search. / 

A veces me pregunto cómo podemos hacer mejor el trabajo de internalizar las crisis como algo positivo.  Me hago estas indagaciones porque creo que como seres humanos siempre podemos evolucionar, y veo en mi vida diaria, cuanta gente se paraliza ante ciertas situaciones de la vida, sin tomar la acción de seguir. Y en última instancia lo necesario es saber seguir. ¿No?

 

Para no decaer.

Para empezar de nuevo.

Para preguntarnos que aprendimos.

Para buscar la felicidad.

Para entendernos.

Para evolucionar.

 

Varios años atrás ni siquiera tenía en cuenta que efectivamente debía aprender de aquellos momentos duros de mi vida. Le llamo mi periodo en piloto automático. Me volví adicta a los libros de autoayuda, pero solo cuando tenía un bajón anímico, luego de ello, solo ilustraban una biblioteca.

Cuando hace unos años comencé a replantearme mi propia felicidad y las elecciones inconscientes que realizaba, transite muchos periodos. Conexión. Desconexión. Conexión. Desconexión. Conexión.

Por momentos me conectaba con leer, por otros quería que la situación se resolviera sola, por otros me volvía a conectar con la fuente a través de meditación y así sucesivamente. Transitaba tanto la ira, la impaciencia como la paz y la felicidad. Era disociada la manera que encaraba mis crisis.

Ante una situación personal que estoy viviendo en estos momentos, donde a mi madre le diagnosticaron un tumor de pulmón, sorpresivamente la vida pasa a girar en torno a la enfermedad, como curarla, turnos de médicos y falta de tiempo. En este tiempo, donde la adversidad se hizo presente en una forma bien clara y visible a mis ojos y a mi corazón, mi reacción fue completamente diferente. Mi periodo de conexión es casi total. La desconexión me gana en pequeños momentos,  pero casi siempre al final de cuentas, le gano yo.

Con esto quiero pensar que mi manera de ver la vida ha cambiado durante los años. Los años de libros, cursos, conferencias me han enseñado que el único poder que tenemos, no está afuera sino bien dentro nuestro. Somos nosotros los que decidimos estar PRESENTES en cada momento de nuestra vida, saboreando las delicias de la felicidad, como los sinsabores de la tristeza.

Hoy considero que mi camino transitado, me enseñó que estar presente es la mejor respuesta que puedo tener. Presente viviendo el momento. Compartiendo los partes médicos con mi madre. Disfrutando que existe una cura. Agradeciendo por los médicos que la cuidan y guían. Bendiciendo que la vida le haya puesto esta enfermedad para que la afrontemos de la manera más positiva que podamos. Que aprendamos del proceso. Que nos una como familia. Que soñemos viajes juntas. Que volemos nuestra imaginación y reescribamos nuestra historia día a día.

Si me preguntan, como debo afrontar una crisis, les diría que la sienten a su lado, le hablen y le digan:

“Gracias por haber llegado. Creo que viniste a enseñarme una lección y estoy dispuesta, abierta y feliz por aprender y salir transformada. En pos de mi evolución te pido paz, paciencia, amor incondicional, tolerancia conmigo misma y con los demás. Confío que todo, todo, estará bien”.

 

Fírmalo. Y déjalo ir.