Si alguna vez pensé que iba a ser fácil, me equivoque. Pensaba mientras preparaba uno a uno los ingredientes de mi nueva “yerba” para el mate diario.

 

Me saco los anillos, y la careta que me permitía mantenerme detrás de todo lo que vive una persona con síntomas crónicos. Me saco la vergüenza que me da que alumnos míos lean esto. Me saco las ideas que tenía sobre lo que pensaba sobre las dietas y como era que la gente no podía mantener una rutina para no engordar. Me saco todo y desde ahí te voy a contar otra de mis verdades, esa que me permito abrazar y sentir cada día un poco más, a ver si a la larga, puedo sanar.

 

Hace más de 15 años me diagnosticaron una enfermedad que cada día es más conocida y padecida por muchos: Colitis ulcerosa. Era el año 2002 si mal no recuerdo, porque tengo una memoria de Dory que se borra en 15 segundos, y estaba frustrada en mi cubículo de puerto madero. Miraba la pantalla y se me caían las lágrimas. Habían dicho que la revista tenia correcciones de último momento (esas que a la gerente le encantaba hacer a las 18hs) y por ende eso quería decir una sola cosa: esa noche no iba a volver a casa antes de las 12 de la noche.

 

La frustración que viví en ese trabajo fue muy grande: era mi primera intervención como diseñadora gráfica, mi primer trabajo en una empresa antes de terminar la facultad y encima recomendada de la Directora de la Carrera, por lo cual, la culpa que me generaba que el trabajo no me guste, era mucha.

 

Empecé teniendo cólicos dolorosos, e incapacidad de ir al baño. Bueno, ir iba, pero no pasaba nada. Y eso era especialmente raro, ya que las que me conocen saben que era un relojito suizo, y quizá hasta 2 o 3 veces al día me encontraban en algún baño.

Ese reloj se paró desde ese momento, y el relojito CUCU nunca volvió a ser el mismo.

 

Mis emociones las podemos olvidar, porque en ese momento no sabía siquiera que tenía emociones. Yo era un cuerpo que reaccionaba.

 

El problema fue cuando comenzó a aparecer sangre (y si! La vergüenza a este punto la deje en el tacho de basura). Al comienzo pensé que era de la fuerza que tenía que hacer, pero luego me di cuenta que no se iba. Pasaron los meses antes de decidir ir a un médico, porque como la mayoría de nosotros “pensé que estaba un poco nerviosa” y que todo se iba a pasar.

Un día caminando después del trabajo, cruzando el puente que divide los dos lados de puerto madero, paso lo peor. Paso eso que no debería pasarle a nadie mientras está caminando, paso eso “segundo” que con vergüenza llamamos hacer CACA, pero sin un baño, sin avisar, sin nada.

La vergüenza que sentí ante mi misma no lo puedo describir y menos aun, todos los síntomas que se le sucedieron a eso. Era claro: la enfermedad había aparecido, y yo no la había escuchado. Ella había hecho su trabajito de empezar a hincharme la panza, luego el baño, y las emociones picadas, pero yo no la escuché.

Finalmente pasaron años hasta que me dieron en la tecla con el tratamiento, tiempo en el cual no solo limitaba mi vida plena, sino mi vida en pareja. Si bien siempre fui una mujer muy desinhibida y relajada, deje de hacer muchas cosas por mi nueva acompañante que ya tenia nombre: la EII (Enfermedad Inflamatoria Intestinal).

Después de terminar mi primer noviazgo, me costaba quedarme a dormir con alguien, porque sabía como eran mis procesos, y para ello solo quería estar en casa. Me costaba tomarme el tren y pensar que pasaba si no llegaba a casa a tiempo. Me costaba todo.

Para no aburrirlas, esta EII resulto ser crónica, así que debería acostumbrarme a dejarme acompañar por ella el resto de mi vida. Médicos miles, me decían que no importa lo que coma, o lo que haga, no podía combatirla, y no se iba a ir. “A lo sumo entras en remisión, pero quizá al tiempo vuelve, porque no se saben las causas”.

Me sentí poco cuidada en el ámbito médico, será por ello que pese a tomar mi medicina todos los días, que sale alrededor de un alquiler por mes, comencé a hacer Cursos de Emociones, a tener una Health Coach que me ayudaba a intentar comer mas sano, un coach que me guiaba a encontrarme, a escuchar mi cuerpo.

 

Ya pasaron muchos años y gracias a la colonoscopia todos los años, la sigo bastante de cerca a mi amiga. La controlo cuando puedo y hace unos años entró en remisión, pero volvió, solo para seguirme enseñando.  A veces me siento genial, otras veces he llorado de no poder hacer nada rápido para sentirme mejor.

 

Sera por eso que hace años que me gusta saber que ingresa a mi cuerpo, que como, y que médicos naturistas, globulitos, reiki, Sanación reconectiva, Biodecodificación pueden ayudarme. Por esta razón ven en mi Instagram que pruebo jugos con espinaca, que hago chinos en mi rutina diaria para no tomar ese café con leche que tan mal me hace, y me trago todos los webinarios de leches vegetales aun sin poder hacer una buena leche de coco.

Uf, se que es largo, se que es mucho y parte de esto lo estoy escribiendo en un libro que espero que algún día vea la luz. Pero en este proceso de limpieza, de entender que el intestino es la parte del cuerpo que decide con que quedarse de lo “bueno” y que desechar de lo “malo”, es esa parte que nos habla de dejar ir, de soltar y de no aferrarse… es mi aprendizaje y mi conducta lo que dia a dia me devuelve al centro.

 

Es mi mate ahora con hierbas (tus hierbas maestras, me dice Adrian mi medico naturista), mi ritual de dos ensaladas con semillas varias, de preparar un polvo que tiene mas ingredientes que mi heladera completa, de mis pastillas de espirulina, de levadura de cerveza, de mi querida medicación Mezalasina, de los tecitos que en vez de venir por arriba, van por abajo…es todo eso que hoy me hace estar mejor.

Es haber comprendido que el vehículo que tenemos para esta vida es el cuerpo y nos habla, asi que esta bueno que lo escuchemos.

Si esto resuena con ustedes, si alguna vez tienen un síntoma que se repite, no hagan como yo, escuchen al cuerpo, y testeen siempre lo que la vida les dice que es fijo, es crónico, es “de por vida”.

Yo tendré esta EII de por vida, pero estoy en control de este auto. Yo decido que nafta le pongo, yo decido cuando necesito que alguien me escuche y guie como un GPS, y como bien decía Liz Gilbert, si ella viene en el auto está bien, pero siempre detrás porque la que manejo soy yo.