Me enganche con una serie de Netflix llamada OUTLANDER, una hisotria de una mujer que por casualidad viaja en el tiempo atrás por las tierras de escocia. No detallare la razón por la que empecé a mirarla, porque sería muy banal, (recomendación entre noche de chicas) pero con el tiempo me fue enganchando.

Hace años atrás cuando alguien hablaba del propósito, era como algo nuevo, ese condimento especial que todos quieren probar… esa sensación de “llegar” finalmente a ese “algo” que no sabías bien que era, pero supuestamente estaba bueno.

Pasaron los años, en mi caso casi 6 años, y cada día se escucha mas trillada a la gente repetir frases que no se acercan a lo que realmente es el propósito a mi entender.

Yo misma tuve mis periodos donde me notaba “in the zone” como le llamaba, y decía que ya vivía mi propósito. Y luego las odiseas del tiempo, del cambio, de la evolución te llevan nuevamente a preguntarte si estabas en el camino correcto.

Empecé la temporada 2 de OUTLANDER sentada en mi cama con mi alfajor de arroz y el agua minera.  Claire, la dulce pero fuerte mujer protagonista, estaba finalmente en Paris, logrando encontrar una actividad para canalizar las herramientas que sabe que ama. En ese momento se le encienden los ojos, camina segura y fluye con un momento donde ya no hay tiempo ni espacio.

Ame ese instante, que quizá para otros es un mero segundo de una serie.

Automáticamente cerré la serie y me senté a escribir. De eso se trata el propósito, de encontrar en todo momento, esa actividad donde todo fluye y sos auténticamente vos.

Te escucho preguntar ¿con el tiempo puede cambiar? La actividad si, la esencia no. Ahí adentro, en el alma donde los juicios quedan excluidos, no hay tiempo, no hay espacio, y siempre pero siempre, hay verdad.

 

C.V