El otro dia postee en Facebook para que todos puedan ver, la película de Karate Kid. Alto ahí si ya tu cabeza empieza a decirme que es la película mas ochentosa que existe, o que ya paso de moda, o lo que sea.  Karated Kid fue una película importantísima en mi vida y calculo que para muchos así lo fue, aunque se que hay gente que la ha pasado de alto.

En las primeras versiones con Daniel La Russo y el Sr. Miyagi de a poco nos iban contando la historia de un ser humano normal: acelerado, con sueños desbordados, con ego y mucha ingenuidad. Por otro lado, la disciplina del Karate y lo que implica al ser trabajada. Según nos dice la película el Karate debe ser utilizado únicamente cuando significa algo como puede ser la búsqueda de valor, o de honor, pero jamas en vistas del ego, o de alardear.

Amo Amo Amo esta saga de películas y las amo por varias cosas: una es que de chica soñaba con Daniel La Russo y siendo la rubia a la cual levantaba en ese final de Karate Kid 1. Era un amor tan sano, una historia de transcendencia personal, de transformación absoluta. De chica quizá solo la elegía por Daniel, lo asumo, puede ser verdad. Pero la razón por la cual a mis 36 años sigo eligiendo verlas es más profunda.

En Karated Kid 3, Daniel ya de vuelta en los Estados Unidos (recordemos que la 2 sucede en Okinawa), abre una tienda de Bonsai con el Señor Miyagi, y quiere presentarse a competir una vez mas, el torneo que había ganado hace unos años. En una de las conversaciones donde Daniel le pide que le firme la autorización para competir, el gran Miyagi (Maestro ENORME en envase pequeño), le dice.

Así como el bonsai vive adentro del árbol, las respuestas viven dentro de ti.

Película de 1989, y ya ahí, el “maestro” lo invita a buscar respuestas dentro suyo. Quizá de chica me saltee estas partes, pero de grande me llegan directo al corazón y logro rescatar varias cosas: lo bueno de tener un maestro que te guíe, que te oriente, que te invite a bucear dentro tuyo por las respuestas, el valor de siempre estar mejorándonos a nosotros mismos, aprendiendo de los errores, de los deslices y de las “puestas a punto”, y sobre todo el esfuerzo que viene cuando los desafíos llegan a ponerte a prueba.

Amo Karate Kid, amo la paciencia del Señor Miyagi, y como utiliza la respiración para conectarse con su poder interior, ilimitado, expansivo, inmenso. Amo el “encerar, pulir..” (los que vieron la peli me entienden).

Los invito a verla, a reverla, y volver a verla una vez mas.

Todo lo que enseña sirve para la vida y sin duda para nuestra transformación.

#iloveyoudanielsan!

Buen Miércoles para todos!

C.V