Por: Girl in search. / 

Esta tarde, en una de mis charlas introspectivas conmigo misma, e intentando realizar un ejercicio de coaching interior, me dispuse a contemplar mis nuevas flores. El sol pegaba cálido y a la vez intenso sobre esta tarde de feriado, y pese a que las había regado temprano y muchas se mostraban abiertas y felices, otras se cerraban o parecían decaídas. ¿Cómo podía ser que la misma planta reaccione de maneras diferente en cada una de sus flores? Si bien la respuesta técnica a esta pregunta no la poseo, hice un paralelo con nosotros mismos. ¿Cuantas veces en nuestros actos diarios, actuamos o nos sentimos como si fuéramos personas diferentes? Nos levantamos con una energía alta, con felicidad, empuje y en un momento dado, sin siquiera darnos cuenta, estamos tirados, decaídos y con búsquedas mentales existenciales interminables.

En fin, mis propias conclusiones, me llevan a pensar que no somos seres lineales como tampoco lo son las plantas o los animales. Todos tenemos distintos estados que diariamente nos acompañan haciendo que un día relajado pase a ser un día depresivo, o una jornada que no parecía brindarnos mucho, nos sorprende gratamente, y cambia nuestra vibración a una mucho más positiva. El hecho está en poder no evadirnos de esos estados. Notar cuando hacemos la transición de uno a otro, preguntarnos porque nos sucede o que fue lo que nos provocó esas sensaciones.
El volvernos más conscientes de nuestras fortalezas y debilidades mentales nos hace poder conocernos más, y  al conocerse uno mismo, accedemos al poder de cambiar o modificar nuestros estados. Sin olvidarnos que somos los artífices de nuestras propias experiencias, sentimientos y valoraciones.

Los invito a que veamos en nosotros, esas flores que vi hoy: unas cerradas, otras abiertas, pero todas siendo flor, y transitando estados que permiten que evolucionemos, crezcamos con cada decisión, tomando esta vida como un continuo aprendizaje.