Me siento en un Starbucks de las Lomas de San Isidro mientras espero que llegue el horario de mi reunión. Observo las hermosas casas que acabo de pasar mientras estacionaba el auto. Huelo el aroma de los arboles enormes que hay en la zona y sonrío.

A mi lado están 3 chicos, que a simple vista y por escuchar sus conversaciones, estimo que inician una nueva startup, un nuevo emprendimiento. Son jóvenes, llevan un excel en el que anotan valores, presupuestos y en el aire sueltan ideas sobre creatividad, sobre el packaging que sueñan para sus productos, sobre colores, sobre películas que los inspiran.

Empiezan a caer unas gotas y entro a seguir trabajando bajo el techito, el miércoles esta gris y las gotitas anuncian que viene una lluvia en un rato cercano. A mi lado dos mujeres charlando. Una le cuenta a la otra que finalmente salió su divorcio y que el aceptó a pagar lo que sus chicos merecen. La otra le cuenta que su ex marido dejo de pagar el colegio de sus hijos.

Vuelvo a mi y me digo que estamos acompañados de historias. Historias que recorren mundos, que vuelan por los aires, que chocan y se desintegran para una vez mas, volver a empezar.

Todos tenemos nuestro nido de historias personales, que nos acompañan agarrados de nuestro vestido, o de los pantalones mientras caminamos por la vida. Y cuando de repente tu historia ve la historia del otro, se suelta de tu lado y se va a jugar un rato, y cuando es hora de volver a buscar el auto, como si supiera que me estoy por ir, vuelve mi historia corriendo a pegarse en mi vestido.

Y el día sigue, con ella pegada a mi, saludando a su amiga, ya de la mano de dos mujeres separadas.

 

CV.