Por: Madre se hace

Durante el final de mi embarazo, en busca de mitigar el aburrimiento de mi obligado reposo absoluto, me hice adicta a los documentales de NatGeo.

Vi muchísimos. La migración del cangrejo coral de California, el desarrollo de un gato en el vientre materno, el nacimiento de una elefanta en cautiverio. Y mi preferido: las leonas del Serengueti.

En ese, seguían a una manada de leones por un año y documentaban como se relacionaban los miembros del clan, los roles de cada integrante de la familia, con la mirada puesta en las hembras. No se si habrá sido por mi estado de avanzada gravidez, pero lo cierto es que me sorprendió saber que, cuando una hembra está preñada, todas las demás del clan la cuidan, defienden y alimentan. Y cuando nace el cachorro, las más demás hembras se ocupan de él como si fuera propio. Abuelas, tías y hermanas leonas, en torno a la joven madre y su leoncito, enseñándoles a ambos. Ayudándolos. Cuidándolos. Uno creería que tratándose de animales salvajes esos vínculos no deberían darse, que no es posible que una abuela animal juegue con su nieto, le enseñe a cazar o lo alimente mientras su madre se recupera del parto. Pero según mi documental del Serengueti, así es.

En estos últimos años, especialmente desde el nacimiento de mi hija, muchas veces me acordé de aquellas leonas. Y es que, descubrí, que nada nos une tanto a las mujeres como la llegada de un bebé.

Podrán decirse muchas cosas sobre como nos relacionamos las mujeres, pero no podrán negar que cuando una de nuestro clan espera un hijo, ese instinto de conservación se despierta en nosotras y tratamos de hacer lo que esté a nuestro alcance para ayudarla, aconsejarla, alivianarle la carga.

Como en el Serengueti, nos unimos en torno a ella, la queremos ayudar. Protegerlos, a ella y su cachorro. Nos ponemos a disposición de ese nuevo ser que llega, y de esa nueva madre que nos necesita. Madres, hermanas, amigas, nos hacemos una para ellos dos.

 

Porque aunque nuestra selva sea de cemento, y llevemos las garras color rojo, hay algo de aquellas leonas en nosotras. Y como nadie es tan sabio como Mamá Naturaleza, guiadas por lo más animal de nuestra humanidad, cuando otra leona lo necesite, no duden que allí estaremos. Como una manada.