Por: Girl in search. / 

Camino al trabajo, suelo trasladarme en auto. Manejo una hora desde mi casa hasta la oficina, y suelo hacer una especie de rally maratónico para poder llegar a tiempo, sana y salva, sin que mi auto quede varado en algún pozo sin arreglar del Gran Buenos Aires.

Dirán, y ¡esto que importa!, pero tengo un punto. Tranquilos.

Sigo con mi camino diario, cada día intento cambiar un poquito la ruta para no aburrirme, pero otros, voy en piloto automático (y sumamente acelerada) para poder llegar a tiempo, conseguir estacionamiento, y siempre cruzando los dedos para que mis jefes tengan un humor de 5 puntitos en la escala del 1 al 20.

Pero hay otros días como hoy, donde a pesar de salir apurada, con ganas de llegar, y sumergiéndome en todos los pozos que existen desde Monte Grande hasta la localidad de Avellaneda, suelo tener lapsos donde me suceden estos mágicos momentos, y es eso lo que quiero compartir con ustedes.

Vivimos en una sociedad donde todo crece aceleradamente, hasta nosotros mismos, pasamos nuestras semanas preguntándonos ¿porque el tiempo pasa tan rápido?, ¿ya se fue el mes de Mayo?, ¡Ya estamos a mitad de año!… y así millones de afirmaciones.. y dado que nosotros somos una parte importante del mundo en que nos movemos, nos aceleramos con él.

Volvamos a mi auto, y a la decisión de estos momentos mágicos que pueden cambiarnos el día. En mi caso, la manera de planteármelo diferente comienza en como afronto el primer obstáculo de una manera alternativa.
Por ejemplo: cuando llego a una esquina y viene un auto, rápidamente quiero pasar antes que él. Como si esto engrandeciera mi ser, y me sintiera ganadora en la batalla de la calle… (¡si! aunque usted no lo crea, lo hago).
Sin embargo, cuando realmente estoy presente y tengo ganas de un momento mágico comienzo por replantearme la situación, evitar la competencia y bajar mi ego simplemente apretando el freno y dejando que mi “adversario” tenga el paso. A veces hasta lo saludo. Uff! Ya se siente diferente, y yo quedo con una sonrisa, sabiendo que empecé mi día haciendo cosas que sencillamente se sienten bien.

La otra forma, es guardar mi celular muy adentro de la cartera, intentando que los Whatsapp mañaneros no me lleven a sumergirme en el smartphone, mirar el clima, el Facebook y demás redes sociales… y no prestar atención a lo que estoy viviendo en este preciso momento. ¿Y saben qué? Hace mucha diferencia.

No nos damos cuenta, que al brindar energía positiva al prójimo, desde lo más insignificante, hacemos una diferencia y por ende, tenemos la posibilidad de que la onda expansiva, haga que más de una persona se vea beneficiada, tenga un mejor día, o se plantee su mañana de una manera más positiva.

Creo que es importante que estemos atentos a nosotros, a lo que hacemos, a lo que nos pasa, y nos demos el permiso (porque pareciera que no nos permitimos SENTIR en estos tiempos…) de SENTIR el presente. Y no solo es disfrutar una cena, una charla con amigas, un momento de felicidad, sino también disfrutar de momentos rutinarios como es manejar, para cambiar un momento monótono y maratónico, en un momento de disfrute, donde podamos aprender de cada instante.

La vida es sabia, nos enseña en cada momento. Nosotros tenemos dos opciones para trabajar con la energía que nos brinda: o la dejamos pasar, reaccionando sin pensar, agrediendo al otro con nuestros actos, o nos dejamos nutrir por la experiencia. Ojala podamos buscar tener más “momentos mágicos” en la maratón de la vida, para aprender de cada una de las experiencias diarias.