Termine sesión con ella. Me dió todas las excusas (in)válidas por lo cual su primer escrito, era un desastre.

No sabia que el relato encerraba mucha revolución del que sufre, del que tiene miedo, y de cómo desde ahí, comienza a aparecer la loba dentro nuestro.

No sabe que voy a publicar esto, pero se merece que parte de ese miedo, se esfume. Porque no existen mujeres maravillas, y muchos de los miedos tampoco.

 

«Miedo a soltar los miedos»

Por G.

 

Siempre tuve miedo. Hoy puedo darme cuenta de eso. Miedo a soltar los miedos. Porque, aunque parezca una boludez, el miedo se disfraza y se esconde bajo muchas sombras (propias y ajenas). A todo le pongo unas expectativas tan grandes, que después es difícil no caer y romperte la cara contra el piso. Me veo ahí, siempre ahí, en ese lugar doloroso y regocijante a la vez. Lo conozco bien ese lugar. Esa voz interior que me dice que nunca hago las cosas lo SUFICIENTEMENTE bien.

No tengo el control. Ella manda y yo obedezco, casi como no queriendo. Lloro, porque es más fácil sentir impotencia, es más fácil sentir que no estoy a la altura de las circunstancias, que tengo enfrente un modelo high y yo ahí tan low-cost. Y me descubro miedosa (¿cómo era cuando era chica?). ¿Cuándo sentí miedo por primera vez? ¿Por qué?, y cómo se fueron metiendo tantos miedos que un día me convencí de que ya no eran imaginarios, eran una certeza. Siempre fui así.

Me los puse a escribir – ¿cuáles son? – Miedo a no sentirme capaz frente a un otro o en determinadas circunstancias. Miedo al rechazo, a no agradar. Miedo a equivocarme… y más aún, a aceptarlo. Miedo a fracasar y a que se den cuenta de que no “soy buena haciendo lo que hago”.  Mis  inseguridades creía vivirlas siempre bajo el rótuloprofesional y académico, un problema para el hemisferio izquierdo de mi cerebro. O eso creí mucho tiempo.

El miedo siempre habla de lo emocional y bloquea cualquier resquicio de creatividad.

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Me blindo. O eso intento. Vuelvo a mirar la pantalla de la compu y me olvido que están ahí.  Muchos miedos y poca mujer maravilla. Busco sus sinónimos, porque siento que me los gané, que son míos por derecho propio. SOY Desconfianza, temor, cobardía.

Y me quedo ahí, mirando desde afuera y acepto que soy yo. Así soy yo.

Miedo a mos-trarse en tiempos de Instagram.

 

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Miedo a soltar, porque ya no hay excusas. Y qué hago sin la evidencia de la justificación. Soltar el miedo es integrar la angustia y el dolor para transformarlos en otra cosa. Sacarlo de la sombra. Volverlo consciente.  Para eso, primero hay que pasarlo por el cuerpo, reconocerlo y gritarle: sé que habitas en mí, pero no sos yo. Nos identificamos tanto con nuestros miedos (¿cuáles son los tuyos?), que creemos que nacimos así de miedosas (¡y culposas!). Hoy me atrevo a hacerle un piquete al miedo y le digo que gobierna mi lado más amoroso.

 

En un mundo que nos enseña a temer, muy especialmente a las mujeres, es un acto de rebeldía decretarle un stop a ese miedo interno que se refuerza de todo el checklistbasura de lo que deberíamos sentir, hacer y desear.

 

Me levanto, voy al baño, me miró al espejo y agarró mi labial rojo y me pinto. Es mi ritual mágico en estos días para volverme poderosa, para decirle a mi inconsciente que, a partir de ese momento, soy mi lado power y amoroso. Y a la víctima ni cabida.  Me descubro infinita. Mujer loba.