Empecé esa conversación con mi cliente sin saber que me iba a movilizar tanto. Sabía que atraemos lo que somos y a las personas que nos hacen trabajar nuestras sombras, y marcarnos nuestra luz.

 

Hablamos de un trabajo, de su vida allá, y mi vida acá. En el medio de un evento me acorde de algo que habíamos hablado y, rompiendo mi mantra “no mandes selfies, salis mal”, puse send. Cara fresca, algo transpirada de los 30 grados que azotaban a buenos aires, y una sonrisa esbozada.

 

Charlábamos de mis orígenes y de los suyos, nos reímos mucho. Hacía mucho que no reía así. Cada tanto volvía el tema laboral y dejábamos las vidas. Punto acá, punto alla, este color si, esto no.

 

Y me preguntó una tarde, a quién me comparaba (porque yo le decía que no era linda), y porque me costaba aceptar que otro me considere linda. “No tiene nada de malo”, continuaba en sus palabras y yo solo observaba sus labios moverse.

 

Mi mente volvió a todas las veces donde no creí ser lo

 

Suficientemente linda.

Suficientemente inteligente.

Suficientemente atractiva.

Suficientemente todo.

 

Y él seguía, “¿Porque te disculpas por ser auténtica, tan fresca? Es una de las cosas más lindas que tenes”. Mas flores a un tarrito que estaba en pausa.

 

Le dije, después de pensar un rato: “Me disculpo porque adentro de mi cabeza, se que estoy más conforme conmigo de lo que estaba años atrás, pero aun asi, siento que siempre puedo mejorar y esa perfección a veces me hace no amar mi proceso”. Alta lección Carola!

 

Soy amiga de ir en búsqueda de la mejor versión, pero hoy me recordaron que no hay una PERFECCION que valga. Siempre tendremos puntos para trabajar, y hacerlo será reconfortante SOLO SI aprendemos a seguir amándonos con el corazón roto, con el piyama sucio, y con una cara transpirada de 30 grados de calor.

 

Ese perfeccionismo, me lleva a no aceptar que HOY estoy bien, que HOY me siento linda, que HOY me considero inteligente, y auténtica por sobre todas las cosas. Y el vino a recordármelo.

 

Así que, si hoy tuviste uno de esos días “perfeccionistas al pedo”, tomate el tiempo de celebrarte, no esperes que alguien te lo marque. Sé tu propia maestra.

 

C.V