Pedí saber si había llegado el momento, si soltar su amor virginiano era tan necesario como la vida planteaba, y para jugarle un guiño al destino, te pedí ver una pluma de color violeta. Sabia que era casi imposible que pudieras darme esa señal, me resistía a dejarlo ir. Mi amor es tan grande que no puedo pensar si no proyecto mi alma a su lado.

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Y pedía sincronicidad como una adolescente empacada sin percatarme que el universo tiene oídos en cada átomo.  Como si tanto me costara comprender eso que si se: que somos energía y eso que pensamos genera acciones concretas en el mundo físico.

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Los planetas hablan y otra vez, y yo sigo con mis auriculares puestos, evadiendo. Quizá por eso en plena limpieza de mi casa, cayó esta tarde en mi cama blanca una gran pluma color violeta y con ella mi intención de hace unos días atrás, tenía su respuesta.  Una pluma que simboliza el pájaro, el vuelo, la libertad y la plenitud que busco sentir a veces. Violeta, el color de la transmutación, de la alquimia y el poder de la caverna que todo lo transforma. Recorde las palabras de Lila Donoso con quien me formé hace un tiempo.

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Sin quererlo use la señal que ya tenía la respuesta dentro. 

Mis lagrimas no van a olvidarte y mas amiga del universo en esta tarde violeta, de duelos, de vuelos, te suelto.

Te amo, como decía el ex marido de Julia Roberts en COMER REZAR Y AMAR.

“Amame y déjame ir”, respondía ella segura.

“Nada dura para siempre”.

 

C.V