Juguemos a que vuelvo el tiempo atrás y me retrotraigo a esos momentos donde me sentí desvalorizada, ignorada o no respetada. Miro la situación como si mi cuerpo volara entre todas esas personas, y tuviera esa posibilidad de no entrar en ira, en tristeza o en cualquier emoción que no me permita analizar con coherencia la realidad. Vuelo y mientras fluyo siento, integro, sano. Cuan necesario era dejar pasar unas horas, unos días, meditar y calmar mi mente.

No es fácil estar en la tormenta y no querer correr, no es fácil que alguien te lastime y no comenzar a llorar, créeme que lo sé.

Varios eventos me han demostrado que la perfección no existe, y que solo podemos ir aprendiendo de todo lo que nos pasa si cada tanto, nos concedemos el placer de volar por arriba de esos momentos.

Estudiando la Diplomatura en Psicología Positiva, me encuentro con que una de las herramientas para desarrollar esta cualidad de poder ver la vida con ojos más optimistas y resilientes, radica en la capacidad de fluir. Pero que es fluir cuando todos los órganos de tu cuerpo te dicen que estas por estallar, que es fluir cuando tu ego interno se siente amenazado y es capaz de traerte a todo ese batallón de historias que te recuerdan que tenes que actuar.

“Tenes que actuar, para que te valoren!”

“Tenes que actuar, para que te escuchen!”

“Tenes que actuar, para que alguien te devuelva eso que es tuyo!”

“Tenes que actuar nena!!!”

Te dice él. Ese que se que queda solo con lo que ve.

Pero vos sos más que eso, sos más que la que la ve, sos la que puede volar, la que puede sentir la tristeza de que, si alguien te falla, alguien te hiere, tendrá su propia historia para sanar. Volemos y fluyamos me dice mi NO ego. Mi YODA interno nunca se equivoca. Me dice que llore solo si lo necesito, pero que observe y respire y vea como todo habla de algo más grande.

 Es entonces así, que aprendo:

 Aprendo de que me ignoren.

Aprendo de que me juzguen.

Aprendo de que no me respeten.

Aprendo de MI y me perdono.

Todo esto viene para aprender a ser mas compasiva conmigo y con el mundo.

 

Y entonces como una vez cerraba una de las clases de ODISEA hace años atrás, inspirada en un curso de la hermosa Louise Hay, me digo:

 “Observo la realidad y me perdono, siento la emoción y los perdono, ellos tienen sus propias historias que pasar, me libero, inhalo a mi sabiduría interna y sigo adelante.”

 Que este día las encuentre intentando o volando hacia una fase más sabia de ustedes mismas.

Así me encuentra a mí.

 

C.V