Abri mi compu en el Mc Donalds cerca de casa. Necesitaba salir a trabajar desde otro lado, cambiar aire, tomarme un café, y trabajar…

Así que me metí en la jaulita transparente, en esa que siempre hay mamas y niños, pero gracias a dios no había nadie. Pura paz.

Empece a terminar algunos de los trabajos que tenia pendientes y entro el señor de seguridad. Sus ojos estaban llorosos, y se lo notaba claramente agotado.

No me cuesta hablar, eso se sabe, y sobre todo me gusta conocer a la gente, así que le pregunte si venia en búsqueda de un poco de paz… (sentí que la necesitaba) y asintió con la cabeza. Empezó a hablarme y a contarme la serie de cosas que viva diariamente de maltrato en el local, de como sus empleadas lo trataban como una cosa, y que raramente encontraba un lugar donde poder sentarse 5 minutos para llenar el libro de actas sin que nadie lo moleste por un rato.

Me contaba de sus 12 horas de trabajo, de su salario mínimo y tambien diría absurdo, sin que me oiga. De como su vida pasa de levantarse trabajar y recibir una hamburguesa como almuerzo a la hora que a los empleados se les ocurra, y llegar a su casa alrededor de las 12 de la noche para bañarse, comer y dormir, para al otro día volver a empezar.

Sentí su resignación, aunque había un atisbo de salir de la rutina, de soñar mas alto… me contaba que compraba el diario todas las mañanas de los domingos en búsqueda de algo mejor.

Comprendí que realmente trabajar para vivir, es algo muy común. Que el maltrato laboral existe en todas las escalas. Y que la búsqueda de algo mejor, siempre existe adentro de nosotros.

 

Me preguntaba porque a mi me sonreían las chicas al atenderme, y a el se referían en tono agresivo, con ordenes frías y de mala gana. Porque no nos enseñan que a fin de cuentas somos todos iguales, y solo por un momento usamos trajes que nos hacen “parecer” diferentes?

Me niego a pensar que sea tan difícil enseñar mas empatía, mas liderazgo, mas generosidad en las escuelas, en las universidades, en los clubes y círculos sociales…

“A todos se nos quiebra la voz
en todos hay un poco de Dios
yo soy igual a ti
tú eres igual a mi
y es uno solo el amor”

cantaba Diego Torres.

Ante mi, Victor era igual, y por un momento su dolor fue mi dolor. Fructífero seria pararse en los pies de otro, solo por un ratito para valorar lo que tenemos, y para entender que nunca se sabe de que lado la ruleta de la vida te va a dejar..

 

CV.