Vivo permanentemente en un mundo donde ya casi no nos miramos a los ojos, donde el “me clavó el visto” y “ni me clavó el visto” son moneda corriente, donde el Me gusta suplantó a la conversación y los gestos de empatía verbal ya casi no existen en las redes.

Amo este mundo, y amo las redes. Disfruto tener google para ir, buscar y aprender de lo que se me antoje. Tener a mis primos lejanos a un click de distancia y a un Skype de escuchar sus voces. Abrazo la idea de poder escribir estas letras y llegar a todos ustedes, estén acá o en el congo belga, de un solo saque.

 

Creo que estos ingredientes digitales me habilitaron a tocar vidas y a modificar la mía en cuestión de pocos años. Pero también veo cuan deshojada se está quedando la manera en la que nos comunicamos, cuan pobre y degradado expresamos lo que sentimos, cuantas racionalidades aparecen a la hora de expresarnos con certeza y coherencia.

 

Mark Twain decía en una de sus frases que el carácter de un hombre, podría ser aprendido por los adjetivos que usa en sus conversaciones y en parte creo que es cierto. Como hablamos nos define, porque en lenguaje es generativo, genera mundos. Y así como genera también rompe, modifica, muta.

 

La ausencia de respuesta en las conversaciones vigentes es normalizada por todos (me incluyo) por una  s o b  r e n a t u r a l i z a c i ó n  de estar ocupado. Pareciera ser que la ansiedad de hoy no nos permite siquiera parar un segundo para avisar que responderemos más tarde, o aunque sea un día después, avisar que hemos tenido un día complicado.

 

No me gusta el mundo donde la falta de empatía por el otro entorpece relaciones. No nos expande y mucho menos nos evoluciona, al contrario nos encoje, nos degrada, nos desconecta, y nos separa.

 

Mientras estaba de viaje compre el libro de Mark Manson, que se titula algo así como “El sutil arte de que no te importe”.

Lo compre porque TODO me importa: desde la respuesta de un proveedor que no me entrega a tiempo, desde llegar tarde a una call de Mentoring porque me quedé sin luz, hasta que una persona X me comente algo que me lastima. Todo me importa y no todo siempre es importante asi que estoy aprendiendo a gestionarlo.

 

Pensé que el libro me podría dar maneras de encarar la vida, para poder imitar a otros que parece fluyen mejor cuando logran que algunas cosas les chupen un huevo (disculpas por el tono, pero es así). – Trabajo con una persona así y me sorprende que pueda no responderme cuando yo siento que se está quemando mi mundo y sin siquiera pensarlo, me clave el visto como si nada – Me sorprendo porque quisiera hacerlo algunas veces en materia profesional cuando hay clientes abusivos, cuando hay mucho PODER expuesto, pero jamás lo haría en una vinculación personal, de esas que me importan. /

 

No hablemos en relaciones en la era digital, donde elegimos por derecha o izquierda, por las selfies en el baño, y las profesiones que figuran debajo de la foto en Paris.

 

No digo que no sirvan, sino que me está costando entender cómo hacemos aquellos que, SI nos importan las buenas conversaciones, los que SI queremos seguir siendo empáticos, los que realmente nos interesa que al final del día, nuestra coherencia haya pisado fuerte.

 

Estamos siendo egoístas, eso creo.  El EGO ante todo. Y así como digo esto, soy partidaria de que si no nos tenemos nosotros no podremos darnos jamás, pero siento que en la comunicación per se, hay un lazo de afinidad, compasión, respeto, empatía que se está diluyendo.

 

  • Si! me importa contestarte, y me importa que me contestes. Y si no me importa ¿porque mejor no te lo digo y nos queda claro a ambos?, ah claro, pero tenemos miedo al rechazo, a la verdad, a ser auténticos.

 

  • Me gustaría que si no podes darme respuesta, aunque sea me escribas “Ahora no puedo”.

 

Deseo en este humilde acto, que vuelvan los encuentros cercanos, a que él “Te invito un café” cuando intercambias miradas con alguien, se vuelva más una moneda corriente que un patacón olvidado. A que, si una amiga nos manda un mensaje, podamos responder y aunque sea 1 día después, podamos rescatar que LA LEIMOS, LA ESCUCHAMOS, porque las palabras nos moldean, y nos ayudan a crecer.

 

Minimicemos la brecha de comprensión, ampliemos nuestros vocabularios, demos vista que de que estamos, leemos, sentimos. Solo asi creo que podremos nutrirnos de nuestros espejos, esos hermosos otros, que están ahi para que crezcamos. Por menos tildes grises, mas tildes azules, y mas seres-presentes.

 

C.V